Francia en el tiempo de Santa Fara

De descendencia noble, Fara nació el 3 de Abril del año 595 y vivió entre los siglos VI y VII. Se conoce a  través de su historia, que era abadesa benedictina ya que descendía de nobles borgoñones y francos, quienes fueron dueños de los castillos y de las tierras de Champigny, lugar en donde para ese momento, no se sabía mucho de Jesucristo.

Aparte de Fara, la familia contaba con más hijos, San Faro de Meaux quien nació el 28 de octubre y San Cagnoald de Laon, el 6 de septiembre. Cabe destacar, que su nombre, Fara o Bara, trae a colación su estatus de noble pues al traducirse es: “baronesa de Borgoña”. Por lo que aún no se determina si este se trataba de un título, o quizás poseía otro nombre.

Aun siendo pequeña, su familia era frecuentada por San Columbano, de quien se sabe fue la persona fundadora del monasterio de Luxeuil. Dicho personaje tenía en mucho aprecio a Fara, en la que había notado que poseía grandes y maravillosas virtudes, por lo que no desperdicio aquel regalo y decidió darle a conocer y amar a Cristo a través de la oración y haciendo el bien al próximo menos favorecido.

A raíz de ello, Fara sintió gran apoyo y mucho afecto por el santo, más aún cuando éste obró un milagro haciendo que las espigas de los sembradíos dieran sus frutos sin que fuese la fecha para ello. En el transcurso del tiempo, Fara toma la gran decisión de llevar los hábitos religiosos teniendo como guía espiritual a San Columbano, pero este fue desterrado por la reina Brunilda de Borgoña. Pero Fara no queda desasistida ya que queda con el apoyo espiritual de San Eustacio.

En contra de su voluntad, el padre de Fara tenía acordado un matrimonio para ella con un noble de otra corte, pero la chica cayó enferma por lo que su padre tuvo que doblegar tal decisión. Una vez restablecida, huyó de su casa para recibir sus votos y vivir en el templo de San Pedro de su ciudad. Más tarde, el obispo Gondoald de Meaux fue el encargado de imponer el velo para el año 614, mientras que para el año 620, Fara ya estaba fundando su propio monasterio, el cual sería dedicado a Santa María, San Pedro y San Pablo, bajo las reglas que aprendió de San Columbano.

Para el siglo VIII, ya Fara era venerada como santa, a la que le cambiaron el nombre por  Faremoutiers, es decir: “monasterio de Fara”. Existen varias historias que han sido narradas en el tiempo acerca de los milagros obrados por Fara. Uno en particular trata de unas monjas que ya no se encontraban a gusto con su vida en el convento como monjas, así que deciden escapar una noche. Por intervención divina, una bola de fuego descendió del cielo e incendió el monasterio, situación que las dejó al descubierto, por lo que recibieron su respectivo castigo.  


Otra historia que involucra las  virtudes de Fara, narra que en una ocasión esta vio sentada a una de las monjas al lado de un cerdo, siéndole revelado el pecado de gula por el que la monja sucumbia incluso llegando a robar alimentos de las despensas del convento, por lo que el cerdo simbolizaba la codicia que a esta había invadido. Se cree que murió entre los años 655 o quizás luego. Fara es considerada como patrona de la vista, para evitar los incendios y la muerte repentina. Sus reliquias se encuentran en el monasterio que fundó Faremoutiers y en Champeaux.

Leave a Reply