La religión como terapia para canalizar las emociones

En el transcurso de la vida, conocemos a muchas personas con distintas formas de afrontar las situaciones. Es como si estos tuviesen una venda en los ojos pues se niegan a ver todo lo que transcurre por su frente en todo momento. Pero estar ciego voluntariamente o tener visión selectiva, no es suficiente pues también suelen serlo en cuanto a las emociones.

Son esas personas que evitan y evaden a toda costa todo lo que tenga que ver con los sentimientos, y se transforman en autómatas en su trabajo, con los amigos, en sus casas. Algunos de ellos poseen la virtud de preocuparse por otros aunque teniendo oídos, no oyen y teniendo ojos, no ven. Las religiones están llevadas a saber canalizar este tipo de situaciones en la que algunas personas se encuentran como abatidas pero deben continuar. De esta manera buscan ayuda en otros ámbitos que no son las terapias neuroemocionales o de bioneuroemocion, y ello también resulta una manera válida para mejorar nuestro estado de salud mental.

Un ejemplo ello son las prácticas de la Iglesia católica cuando efectúan las confesiones los sacerdotes. Pues estos se convierten en filtros por donde se purifican las acciones que consideramos inadecuadas y que hacen que sintamos un peso inquebrantable en la mente.

Usar la confesión es una forma de relatar y deslastrarnos de nuestros pesares, la forma esencial que se emplea cuando vamos a una sesión terapéutica. Las emociones tienen sus bases fundamentales en nuestras acciones. Si una de ellas o varias se han realizado de manera en que no cumple con los requisitos solicitados por la religión  para una buena convivencia, es posible que un sentido de culpa empañe nuestro día a día.

Cuando un sacerdote perdona nuestros pecados a través de la confesión,  solicita a la persona que realice un acto de arrepentimiento con alguna penitencia de oración o en señal de arrepentimiento profundo. Es allí cuando las cargas se equilibran y el sentido de culpa,  frustración, tristeza o cualquier otro pesar puede desaparecer. Confesarse es el equivalente a un proceso interno de entendimiento y aceptación de alguna situación que fue en contra de los principios aprendidos bajo la moral, la ética familiar,  los valores y las urnas costumbres, el lo que las religiones se han encargado de mantener a flote.

En la actualidad las personas casi no se confiesan, no tienen  tiempo de ir a las terapias de ningún tipo aunque que ya hasta se realizan a través de videollamadas.  Cuando se llega a este punto, la carga emocional invade el cuerpo y se da origen a una serie de enfermedades físicas un tanto complicadas para tratar. El acto de confesión  suele ser el símil del aseo diario, si te bañas a diario tu cuerpo se mantendrá limpio, pero si los haces de manera esporádica o simplemente nunca, la suciedad se habrá acumulado en él de tal manera que será muy difícil de deshacerse de ello.

De esta forma, los pequeños actos se van acumulando en nuestra mente y en nuestro cuerpo, haciendo mella de nuestros actos. Si nuestro caso es este, recordemos que el ministerio de la reconciliación a través de la confesión puede resultar una excelente herramienta para encontrarse en paz y armonía contigo mismo, en el momento que sea y además, es gratis.

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